miércoles, 9 de mayo de 2012

Gajes del oficio - Niño empanizado


Llamémoslo mi segundo hijo (para proteger su identidad), desde que nació fue un niño tranquilo, no molestaba de noche, ni de día, Yo lo podía dejar horas en la cuna y él solito buscaba en qué entretenerse.

La única vez que le agarro de llorar fue porque tenía una infección horrible de riñones, de ahí? Era una dulzura.

Una madrugada lo oi quejarse, pero estaba tan cansada que espere a ver y si no seguía, no me iba a levantar, se quejo una o dos veces más y esperé.

Nunca hacía eso, pero como solo eran como grititos, no me alarmó. Se durmió y me dormí. Han de haber sido como las dos de la madrugada y él tenía como ocho meses.

A las seis me levanté y lo oí como todas las mañanas balbuceando y cantando, preparé el desayuno, ordené un poco y de repente llega Jorge (3 años) y me dice “hoy si vas a tener que castigar a mi manito”, entro al cuarto y veo la cuna, la ropa y a mi segundo hijo, completamente embarrados de caca.

Tenía más o menos cuatro horas de estar así, era una pestilencia enorme y él, tan lindo como siempre, tranquilito, con todo el cuerpo y la cara enbarrados de aquella plasta café seca, se chupaba el dedito gordo, que rea lo único que tenia color de piel.


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