viernes, 3 de enero de 2014

Parpadeé y creció

Fue así en un abrir y cerrar de ojos, en donde una noche le das un beso en su camita y lo dejas arropado y la siguiente es él quien llega a darme el beso de buenas noches a mi cama.

Sucede así como cuando una mañana te levantas a lavar las pachas para tener todo listo para cuando despierte o preparar su lonchera cuando el micro pite y la siguiente, te levantas y ves que ya se fue a trabajar pero te dejo el café puesto.

Te das cuenta realmente cuando recuerdas verlo correr en calzoncillos por la casa y ahora cierra la puerta de su cuarto mientras se viste.

Y más aun cuando decide pasar más tiempo en casa de la novia vrs los sábados que pasábamos juntos en donde nadie nos podía separar.

Cuesta comprender que ahora ese valioso tiempo se ha convertido en otro más valioso por ser más corto, en donde cada beso, cada café, cada conversación y cada segundo cuenta para sentirnos cerca.

Que dicha estar allí y recordar ahora: su primer día de kínder, su primera caída en bici, haber sido su Santa y su ratón de los dientes,  la graduación del cole y de la U y ahora ayudarle a seleccionar su maestría, hablar de la vida.


Para mi suerte, cierro y abro los ojos y aun sigue aquí en el cuarto de enfrente.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Prueba no superada

Pues miren, que un día, un viernes, uno está allí en el hospital con la panza rajada, en medio de gente que ni conoce, con el consorte haciendo un video que se enfoca más en tu cara pálida y labios rojos que las enfermeras te dijeron que estaba bien si te los dejabas así, ajá, para que en el video fuera lo único que destacara en medio de toda esa palidez; sí, en eso estás cuando se oye, rompiendo todo aquel silencio, el primer llanto de tu hija. Tu primera hija. El mundo cambia para siempre.

El mundo cambia, la vida cambia todos los días... Y no voy aquí a hacer un recuento de los más de 18 años que llevo al lado de esa criatura, que sí, sigue siento una criatura; ni a enumerar todo lo que he aprendido a su lado, ni los recuerdos de sus cumpleaños, ni sus logros, ni voy a recordar que cuando se desenreda el pelo tiene color y olor de miel... No, voy a hacer un recuento de sus actos navideños, porque, ajá, la vida está llena de esos momentos y porque por más actos navideños, clausuras y días de las madres he pasado, nunca logré superar la prueba: siempre me emocioné como la primera (y eso que a estas alturas tengo tres hijos, de más de diez años los tres y que, ajá, ya no causan tanta gracia como cuando eran bebés o nenes de primaria). Nunca pude superarlo, porque cuando uno ve allí a su niña, subida en el escenario, aunque esté cantando la misma canción navideña de siempre, para uno es la más linda, la que canta mejor, la que vocaliza mejor... Y en ese momento no existe nada más en el mundo.

Y sucedió que ayer, once de diciembre de dos mil trece, esa pequeña que nacía hace más de dieciocho años, participó en su último acto navideño en toda su historia escolar. Sí, en junio se gradúa de bachillerato, y aunque, con su modito suave me dijo que no era necesario que fuera si no podía, manejé 35 kilómetros, atravesé tres congestionamientos de tránsito y bajé a todos los santos del cielo para que me permitieran estar a tiempo en el acto. Sí, Murphy suele hacer de las suyas en momentos tan importantes y memorables como ese. Parecía que El Salvador se había puesto en mi contra para no llegar a tiempo. Me costó más de una hora realizar un trayecto que normalmente me toma 25 minutos, pero allí estaba, exactamente a tiempo para ver la participación de mi hija, la última de su vida escolar. No me pregunten qué canción cantó, porque solo sé que estaba allí sentada con su camisa blanca, como quince años atrás vestida de ovejita en una pastorela y entendí que la vida ha pasado y que hemos vivido tanto y a pesar  de todo ella sigue siendo esa ovejita, la misma pequeña de tantas celebraciones navideñas y sin embargo ya tan adulta, tomando decisiones para sus estudios, para su vida, incluso aconsejándome en los momentos que requieren disciplina familiar...

Y no crean, mi hija es tan o más chillona que yo. Cuando terminó de cantar se bajó del escenario, caminó hacia mí y a medida que estaba más cerca me daba cuenta de que los ojitos le brillaban, que las lágrimas estaban a punto de salir...

Y nos abrazamos y lloramos.

Y se cerró otro capítulo de su vida.


martes, 19 de noviembre de 2013

Vicisitudes

Los vas a traer a un curso de verano, en tu hora de almuerzo, porque no hubo microbús que te los quisiera llevar porque "muy lejos".
Llegás en la noche de trabajar y te dicen que el grande tiene fiebre, que hay que dejar a la chiquita con alguien e irse ambos tres al hospital.
Te dice "qué bueno que estés aquí" y te agarra la mano mientras le ponen la terapia respiratoria, a pesar que ya es grande para ordenar plato infantil en los restaurantes.
Regresás y no ves a la chiquita porque ya se durmió.
Repartis medicinas y apagás luces.
Lavás calcetines blancos convertidos en gris-negro.
Te levantás temprano, para llegar a tiempo al trabajo, das medicinas, dejás instrucciones de las medicinas a tomar, el enfermo duerme y la chiquita se levanta y quiere jugar.
Llegás 16 minutos tarde al trabajo porque no te podías ir hasta dejar a la chiquita cubierta de besos y abrazos y sin llorar.
En el trabajo tu amiga te dice ¿viene tarde porque fue al colegio? y ahí te das cuenta que se te olvidó que era el dia -el único - de matrícula, no andás un cinco en la bolsa, los documentos están en la casa, tenías previsto ir en tu hora de almuerzo a la casa a traer al grande porque tiene una consulta programada, por la que cambiaste de hora una reunión y la jefa te vio feo, pero no alcanza el tiempo para ir al colegio...
La vida de madre es una cosa interesante.

miércoles, 23 de octubre de 2013

Noche de paz

Una compañera de trabajo tuvo ayer su primer bebé. El padre, quien también trabaja aquí, está haciendo uso de los recién aprobados 3 dias de asueto por paternidad. 
Hablábamos con otras compañeras, una madre de 2, otra de 3 y otra embarazada del segundo, sobre si él debió o no haber venido a trabajar y tomarse los dias hoy o más tarde, porque la Ley da 15 dias creo para hacerlo.
Una opinaba que sí, que estaba bien, para que le hiciera compañía a ella en el hospital, que ella - la que opinaba - hubiera querido que su esposo hubiera estado con ella. Pero su caso fue cesárea y esa recuperación es distinta, asumo. La niña esta primeriza fue natural.
La madre de dos y yo, también con dos, opinábamos que no, que mejor se hubiera tomado los dias cuando ya ambos, madre y bebé, estuvieran en casa, especialmente porque no tienen empleada, entonces sí iba a necesitar ayuda. En el hospital estarían bien cuidados.
La que solo tiene uno y espera el segundo no supo opinar si era mejor ya o después.
Yo solo sé que cuando uno ha pasado ya 8 años de la vida sin acostarse hasta que todos se duermen, levantándose antes que todos y estando pendiente de que el mundo gire, esa noche solita en el hospital, sabiendo que el nuevo crío está bien cuidado por enfermeras y doctores y que el mundo allá afuera se puede caer y uno no se dará cuenta, es la noche más tranquila de la vida. Yo sí amé esa noche de paz y tranquilidad, en la que por una única vez me llevaron el desayuno si que tuviera que prepararlo ni preocuparme por poner a girar el mundo.
No sé si será egoista, pero es eso, una noche en la vida, vrs años y años y años de ser el eje terrestre. Yo digo que sí nos lo merecemos.

miércoles, 16 de octubre de 2013

Amor de madre, en silla VIP

Una de las mamás de este blog llevará a su hija a ver a Justin Bieber. No, no es su gusto musical, para nada. Ella es metalera a morir y el castorcito no le inspira lo más mínimo. Pero no es la música la que la llevó a esto, es lo más hermoso de la vida de una mujer: el amor de madre.
Muchas de las personas que le han comentado han dicho: “a mí me llevaron a ver a menudo”, “mi papá me llevó a ver a Luis Miguel”, “a mí me llevaron a este u otro artista”.
Yo le quiero contar una historia, de esas de éxito que le mientan.
Cuando yo nací mi mami tenía 18 años. Cuando yo tenía 9 y ella 27 vinieron los tales menudos al Estadio Cuscatlán. Distaban mucho de existir las entradas VIP y aunque hubieran habido, la cobija no daba para tanto. Eran conciertos a las 3 de la tarde, en pleno sol, donde había que llegar a hacer cola desde muy temprano en la mañana y las bichitas caían desmayadas antes de tiempo por el calor.
Yo estaba en 4to grado y allá en Sta Ana, fui la única niña de mi escuela que vino al concierto.
Ella tenía la edad en la que muchas ni quieren tener hijos porque es mucha responsabilidad, trabajaba de noche, hacía turnos y vivía desvelada. No conocía San Salvador, no sabía dónde quedaba el estadio ni la terminal de buses y no le sobraba el dinero.
Pero ahí estaba, con una niña de 9 años de la mano, en una ciudad extraña, aguantando el sol para ver a los tales bichos desde las gradas así tamaño hormiga.
Nos fuimos caminando buscando la terminal. Estábamos en lo que hoy es el cruce de la 49 con el Venezuela cuando ya íbamos cansadas y pasó un taxi. El muy desalmado nos cobró 5 colones – póngalo en contexto, era 1983 – solo por dar la vuelta a la esquina y decirnos “aquí es”.
El 21 de noviembre yo me la llevo a ver a Sabina en la silla VIP que se merece, porque el amor de madre, gana intereses en el tiempo.

Adelante amiga, tu hija jamás en la vida olvidará ese concierto, no porque gastaste tus ahorros en llevarla, no porque lo va a contar a sus amigas....es porque su mami la acompañó a seguir sus ilusiones.

lunes, 14 de octubre de 2013


¿En serio quieres ser una madre “perfecta”?

Una perfección tan única como tú


El peque hace un berrinche en el super, lo primero que te viene a la mente es: ¿Qué va a decir la gente? Escuchas los consejos de la abuela, la madre, las amigas con mas experiencia, las revistas, los blogs…y no puedes mas que sentir culpa igual si eres disciplinaria o débil ante el berrinche ¡Quieres ser la madre perfecta!

Malas noticias: el molde de madre perfecta no existe.

Eres una persona única e irrepetible, tus hijos también ¿Vale la pena que te estandaricen las emociones y la vida?

La maternidad es algo tan íntimo y personal, único como cada persona que existe,  nadie puede medir el dolor del primer día de escuela, la primer caída de un columpio, ni la alegría del primer concierto por mas que lo cuentes y compitas para demostrar ante las demás “lo buena madre que eres” solo ‘porque sufres’ o “madre sin entrañas” solo ‘porque eres práctica’. En el universo sin par de tu cerebro cada emoción es el resultado de emociones previas, de expectativas si alguna vez alguien te dijo: “vas a sentir tal o cual cosa” te mintió.

La vida da a cada quien una cara según cómo la recibe, con visiones reales o no, la maternidad no es el estado perfecto que te hace más fuerte, clarividente, infalible o…¡Perfecta!

No podemos superar a nuestras madres, era otra sociedad (¡otro esposo y otra suegra!) mujeres en otro tiempo y “otros zapatos” diferentes necesidades emocionales traducidas en “amor e instinto materno” distintos mapas para llegar a diferentes paraísos…distintos hijos.

Tu propio mapa mental: “maternidad”, “realización femenina”, “lapso de vida con los hijos”, “etapa de crecimiento familiar” …”sufrimiento pasajero” o como quieras llamarlo es completamente tuya.

Como todo en la vida: observa, toma lo que sirva y te enseñe. Sé feliz con lo que hayas decidido. “Tuyas las decisiones …tuyas las consecuencias”

jueves, 5 de septiembre de 2013

El conejo en el cielo


Como todas las noches, conversé con mi hijo sobre el día, el trabajo, la vida...

Esta noche fue diferente, nos salimos a la calle a cenar. Si. Con el vaso de leche en la mano y con las preocupaciones de cada uno adentro de la casa, cerramos la puerta y nos sentamos en la grada a comer y ver la noche.

Nuestra noche estuvo iluminada con pocas estrellas y muchas nubes.

Allí me di cuenta que a pesar del día a día. las carreras, el trabajo y la novia.. siempre encontramos una conexión. Esa que nadie nos va a quitar jamás.

Vimos el cielo y dijimos al mismo tiempo... UN CONEJO!! era un conejo que saltaba por el cielo, regodeándose de su libertad arriba de nosotros. 

Que alegría saber que aun soñamos y que está con nosotros ese niño que imagina y que disfruta la simpleza

Conversamos no se por cuanto tiempo; buscamos nuestra mascota imaginaria y había desaparecido, se la había llevado la noche, seguramente a dormir a algún campo de nubes.

Lo que la noche no se pudo llevar fue nuestra conexión, que ni miles de noches, ni miles de años nos van a arrebatar jamas.. El amor de mamá e hijo.



lunes, 2 de septiembre de 2013

El primer día de su último año de colegio

Hay cosas para las que una madre nunca está preparada, por más que se haya sufrido con los hijos, por más que se haya reído con ellos, por más primeros y últimos días de todo, por más vida compartida; la ves irse al primer día de su último día de bachillerato con su pelo color miel sobre la polo blanca, dejando regado su olor a bebé por todos lados... La ves subirse al carro y te das cuenta de que empieza el ritual de desprendimiento, que aquel bebé que corría con vestido de listones por los pasillos del súper, que te repetía "juguemos, mami" a las doce de la noche el día de su segundo cumpleaños; ya no es más ese bebé.

Y resulta que allí va, convertida en la persona que todos los días sueña ser. Allí va, y probablemente, las dos recordemos este día para siempre, porque ella no pudo dormir anoche y yo tuve que transformarme en la mamá mala que no cedió ante sus ruegos de que la dejara quedarse, y yo tuve que ser fuerte y darme cuenta de una vez por todas que debo dejarla ser adulta, que debo dejar que entienda de esa forma que la vida es difícil, que en la vida real uno se tiene que levantar, por más cansado que esté.

Y allí al primer día de su último año de bachillerato. Allí va, y esos diecisiete años pasaron frente a mis ojos: tantos primeros días de clases, tanto acto de Navidad, Día de la Madre, clausuras; tantas notas, tantas tareas, tantos exámenes, tanta amigas, tanta pijamada, idas al cine; tanta trenza hecha, tantas loncheras...

Tanto adiós-teamo todas las mañanas.

Tanto nudo en la garganta.

viernes, 19 de abril de 2013

Mia


Mía…


La módica cantidad de seis dólares me confirmo lo que mis pantalones me dijeron esa mañana, algo grande estaba pasándome a mi!!! No sabia como reaccionar, y asumí que todo seria grandioso de ese día en adelante, vinieron las molestias que los gringos magnifican en sus películas y series, pero que a mi me parecieron malas si, pero no insoportables.

Naciste después de veinte horas de ansiedad y miedo, tus ojos me cautivaron de inmediato…hermosa, perfecta y mía.
Te veo crecer a una velocidad increíble, se me revienta la burbuja de protección y me doy cuenta que así es el mundo, que lloraras y aunque estés conmigo te sentirás sola, que te vas a caer y probablemente  yo no estaré ahí para darte la mano, y que el dolor en la vida es inevitable, sin importar que tan rodeada de amor estés. 

Eres la prueba viviente de que la felicidad esta en las cosas simples, y que caminar comiendo un choco banano es mas entretenido que ir al cine a ver un estreno, que una cama a media tarde es el escenario para los chistes mas malos que te hacen reír hasta las lagrimas, que puedo ser ventrílocuo, que soy capaz de componerle canciones a un pan, y que no me da pena nada… absolutamente nada si estas conmigo.

Y por ultimo, que yo nací para estar contigo y que la vida por muy horrenda que haya sido  en principio, bien vale vivirla una y otra vez si puedo ver el amor de Dios, cuando veo tus ojos.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Bebejamín.

No le gusta que le siga llamando así. Se enoja, me deja de hablar, porque dice que ya está grande. Probablemente se enoje conmigo cuando vea el título de este post. Luego me va a mirar bien serio y me va a preguntar mil veces si estoy enojada. Le voy a decir que no y va a comenzar con una serie de palabras rebuscadas ¿estresada? ¿angustiada? ¿agotada? Enojada, otra vez. Le voy a decir que no estoy enojada, pero que si me sigue preguntando sí lo voy a estar. Y entonces va a sonreír. Él tiene el poder de sonreír con la mirada y hacerme feliz con solo eso.

Siempre he dicho que es un niño viejito que ocupaba palabras como >obviamente< cuando ni siquiera la podía pronunciar y que juega a hacer operaciones matemáticas en su mente cuando está aburrido, pero le da miedo la oscuridad. Sus conversaciones son maravillosas y entretenidas, te puede hablar desde cómo se formó el Cañón del Colorado hasta teorías inventadas de las características de cada hijo según su posición de nacimiento, pasando por que la luna es de tofu con galletas y un completo tratado de cómo ver las nubes en la noche lo hace sentirse libre. Él es así. Una maravilla que no para de hablar nunca. Una maravilla que me sorprende cada día y con cada ocurrencia. Le pregunto que de dónde sabe tanta cosa y me dice que "toda su información la saca de YouTube". Él es así, puede pasar de los temas serios y "filosóficos" a llorar a lágrima suelta porque desapareció su gata o porque "es el NADA en la casa."

Ayer, mientras regresábamos del mar por la Carretera del Litoral (la de los túneles), siendo testigos de un atardecer extraordinario; me dijo que El Salvador debería ser un gran museo, porque está lleno de cosas bien lindas. Que a los 10 años se sepa emocionar por un atardecer y el olor de la caña en el campo, me emociona a mí también. "Vos, de seguro, vas a ser escritor", le dije. "Voy a ser escritor y pintor, me dijo, porque también me gusta pintar." Y me enseñó una piedra que traía del mar, una de esas redondas, me dijo que iba a pintar el ojo de la Ágata (nuestra gata) en la piedra. Y así lo hizo.

Él me espera todas las noches después del trabajo. Me llama por teléfono si me tardo mucho. Se sigue apapachando conmigo mientras vemos videos de Vivaldi o Beethoven, o le canto una canción de las Bangles. Me sigue a todas partes cuando estoy en la casa. Me mira con ojos de enamoradito. Y yo lo miro de regreso con la única mirada que tengo para él... La mirada de una mamá que ama demasiado.