Hay cosas para las que una madre nunca está preparada, por más que se haya sufrido con los hijos, por más que se haya reído con ellos, por más primeros y últimos días de todo, por más vida compartida; la ves irse al primer día de su último día de bachillerato con su pelo color miel sobre la polo blanca, dejando regado su olor a bebé por todos lados... La ves subirse al carro y te das cuenta de que empieza el ritual de desprendimiento, que aquel bebé que corría con vestido de listones por los pasillos del súper, que te repetía "juguemos, mami" a las doce de la noche el día de su segundo cumpleaños; ya no es más ese bebé.
Y resulta que allí va, convertida en la persona que todos los días sueña ser. Allí va, y probablemente, las dos recordemos este día para siempre, porque ella no pudo dormir anoche y yo tuve que transformarme en la mamá mala que no cedió ante sus ruegos de que la dejara quedarse, y yo tuve que ser fuerte y darme cuenta de una vez por todas que debo dejarla ser adulta, que debo dejar que entienda de esa forma que la vida es difícil, que en la vida real uno se tiene que levantar, por más cansado que esté.
Y allí al primer día de su último año de bachillerato. Allí va, y esos diecisiete años pasaron frente a mis ojos: tantos primeros días de clases, tanto acto de Navidad, Día de la Madre, clausuras; tantas notas, tantas tareas, tantos exámenes, tanta amigas, tanta pijamada, idas al cine; tanta trenza hecha, tantas loncheras...
Tanto adiós-teamo todas las mañanas.
Tanto nudo en la garganta.
lunes, 2 de septiembre de 2013
viernes, 19 de abril de 2013
Mia
Mía…
La módica
cantidad de seis dólares me confirmo lo que mis pantalones me dijeron esa
mañana, algo grande estaba pasándome a mi!!! No sabia como reaccionar, y asumí
que todo seria grandioso de ese día en adelante, vinieron las molestias que los
gringos magnifican en sus películas y series, pero que a mi me parecieron malas
si, pero no insoportables.
Naciste después
de veinte horas de ansiedad y miedo, tus ojos me cautivaron de
inmediato…hermosa, perfecta y mía.
Te veo crecer
a una velocidad increíble, se me revienta la burbuja de protección y me doy
cuenta que así es el mundo, que lloraras y aunque estés conmigo te sentirás
sola, que te vas a caer y probablemente yo no estaré ahí para darte la mano, y que el
dolor en la vida es inevitable, sin importar que tan rodeada de amor estés.
Eres la prueba
viviente de que la felicidad esta en las cosas simples, y que caminar comiendo
un choco banano es mas entretenido que ir al cine a ver un estreno, que una
cama a media tarde es el escenario para los chistes mas malos que te hacen reír
hasta las lagrimas, que puedo ser ventrílocuo, que soy capaz de componerle
canciones a un pan, y que no me da pena nada… absolutamente nada si estas
conmigo.
Y por ultimo,
que yo nací para estar contigo y que la vida por muy horrenda que haya
sido en principio, bien vale vivirla una
y otra vez si puedo ver el amor de Dios, cuando veo tus ojos.
miércoles, 27 de marzo de 2013
Bebejamín.
No le gusta que le siga llamando así. Se enoja, me deja de hablar, porque dice que ya está grande. Probablemente se enoje conmigo cuando vea el título de este post. Luego me va a mirar bien serio y me va a preguntar mil veces si estoy enojada. Le voy a decir que no y va a comenzar con una serie de palabras rebuscadas ¿estresada? ¿angustiada? ¿agotada? Enojada, otra vez. Le voy a decir que no estoy enojada, pero que si me sigue preguntando sí lo voy a estar. Y entonces va a sonreír. Él tiene el poder de sonreír con la mirada y hacerme feliz con solo eso.
Siempre he dicho que es un niño viejito que ocupaba palabras como >obviamente< cuando ni siquiera la podía pronunciar y que juega a hacer operaciones matemáticas en su mente cuando está aburrido, pero le da miedo la oscuridad. Sus conversaciones son maravillosas y entretenidas, te puede hablar desde cómo se formó el Cañón del Colorado hasta teorías inventadas de las características de cada hijo según su posición de nacimiento, pasando por que la luna es de tofu con galletas y un completo tratado de cómo ver las nubes en la noche lo hace sentirse libre. Él es así. Una maravilla que no para de hablar nunca. Una maravilla que me sorprende cada día y con cada ocurrencia. Le pregunto que de dónde sabe tanta cosa y me dice que "toda su información la saca de YouTube". Él es así, puede pasar de los temas serios y "filosóficos" a llorar a lágrima suelta porque desapareció su gata o porque "es el NADA en la casa."
Ayer, mientras regresábamos del mar por la Carretera del Litoral (la de los túneles), siendo testigos de un atardecer extraordinario; me dijo que El Salvador debería ser un gran museo, porque está lleno de cosas bien lindas. Que a los 10 años se sepa emocionar por un atardecer y el olor de la caña en el campo, me emociona a mí también. "Vos, de seguro, vas a ser escritor", le dije. "Voy a ser escritor y pintor, me dijo, porque también me gusta pintar." Y me enseñó una piedra que traía del mar, una de esas redondas, me dijo que iba a pintar el ojo de la Ágata (nuestra gata) en la piedra. Y así lo hizo.
Él me espera todas las noches después del trabajo. Me llama por teléfono si me tardo mucho. Se sigue apapachando conmigo mientras vemos videos de Vivaldi o Beethoven, o le canto una canción de las Bangles. Me sigue a todas partes cuando estoy en la casa. Me mira con ojos de enamoradito. Y yo lo miro de regreso con la única mirada que tengo para él... La mirada de una mamá que ama demasiado.
Siempre he dicho que es un niño viejito que ocupaba palabras como >obviamente< cuando ni siquiera la podía pronunciar y que juega a hacer operaciones matemáticas en su mente cuando está aburrido, pero le da miedo la oscuridad. Sus conversaciones son maravillosas y entretenidas, te puede hablar desde cómo se formó el Cañón del Colorado hasta teorías inventadas de las características de cada hijo según su posición de nacimiento, pasando por que la luna es de tofu con galletas y un completo tratado de cómo ver las nubes en la noche lo hace sentirse libre. Él es así. Una maravilla que no para de hablar nunca. Una maravilla que me sorprende cada día y con cada ocurrencia. Le pregunto que de dónde sabe tanta cosa y me dice que "toda su información la saca de YouTube". Él es así, puede pasar de los temas serios y "filosóficos" a llorar a lágrima suelta porque desapareció su gata o porque "es el NADA en la casa."
Ayer, mientras regresábamos del mar por la Carretera del Litoral (la de los túneles), siendo testigos de un atardecer extraordinario; me dijo que El Salvador debería ser un gran museo, porque está lleno de cosas bien lindas. Que a los 10 años se sepa emocionar por un atardecer y el olor de la caña en el campo, me emociona a mí también. "Vos, de seguro, vas a ser escritor", le dije. "Voy a ser escritor y pintor, me dijo, porque también me gusta pintar." Y me enseñó una piedra que traía del mar, una de esas redondas, me dijo que iba a pintar el ojo de la Ágata (nuestra gata) en la piedra. Y así lo hizo.
Él me espera todas las noches después del trabajo. Me llama por teléfono si me tardo mucho. Se sigue apapachando conmigo mientras vemos videos de Vivaldi o Beethoven, o le canto una canción de las Bangles. Me sigue a todas partes cuando estoy en la casa. Me mira con ojos de enamoradito. Y yo lo miro de regreso con la única mirada que tengo para él... La mirada de una mamá que ama demasiado.
miércoles, 20 de marzo de 2013
Romper el vínculo
Amamantar a un bebé es un vínculo físico-emocional fuerte, imposible de describir con palabras.
Hacerlo diariamente por dos años, aunque la frecuencia haya ido disminuyendo con el paso del tiempo, es aun más sólido, difícil de romper.
Dado el problema logístico que tuve para la lactancia en mi primer parto, en el que sufrí de mastitis 4 veces, agrietamientos, sangre, dolor y un gran trauma, quería que esta vez fuera diferente, vivir la experiencia de forma alegre, como se suponía que debe ser.
Y así fue.
Gaby parece haber nacido “corregida y aumentada” como dicen, porque para cada cosa que sentimos que podría ser problemático, siempre “le llega su tiempo” y ya, el cambio/evolución está ahí sin menor esfuerzo.
Durante las primeras 12 semanas que estuve con ella en casa mi rutina era pecho durante el dia y fórmula en la noche. Eso permitió que mi piel se recuperara y no tuve tantos problemas de agrietamiento. Eso y que mi doctora particular sí sabía, no como la anterior, y me recomendó una crema de manzanilla desde el inicio. Aun así a sus 12 dias la princesa se hizo vampiro y se enfermó de la pancita porque ingirió piel y agregados.
Me quité la pena de hacerlo en público y era una gran cosa poder, en cualquier lugar, si la nena quería comer hacerlo sin preocuparme de no haber llevado una pacha para preparar.
Cuando regresé a trabajar continué temparno en la mañana, mediodia y para dormir por 3 meses, que luego se extendieron a 5. Para entonces la nena tenía 8 meses.
Quitamos la del mediodia porque ya no podía ir a la casa y mantuvimos mañana y noche. Y claro, los fines de semana todo lo que quisiera.
Mientras más crecía, más lindo se volvía ver sus ojos mirándome, sus manitas tocándome y sentirla dormirse en mis brazos. Estaba más consciente de lo que hacía y lo disfrutaba. Cuando empezó a hablar, “leshe” fue de sus primeras palabras y lo distinguía de “pacha”.
Cambiamos horarios y la toma de la mañana desapareció al primer año.
Quedaron solo las noches. Un rito diario, dormirse tomando pecho.
Me empezaron a decir que ya, que era suficiente, que no debía darle más porque ya no tenía valor nutritivo y había que “desapegarla”.
Más o menos en octubre del año pasado se presentó la situación de que yo debía tomar medicamentos por un largo plazo, medicamentos que se transmitían por la leche y le harían mal. Era una de dos: dejar de darle pecho a los 19 meses o no tomar los medicamentos. Elegí lo segundo. Al fin de cuentas, no era una situación de vida o muerte y encima había sido causada por factores externos. Era más lógico eliminar esos factores externos que privar a mi pequeña de su momento favorito.
En mi mente siempre estuvo desde su nacimento, la meta de los 2 años. Lactancia extendida le llaman.
Pero cada día que pasaba, ella exigía con más fuerza su “leshe” y no sabía cómo hacer para quitársela sin trauma.
En febrero tuve otra cita, de esas que el ISSS te da a los meses. Insistieron en que necesitaba los medicamentos y la Dra, mujer al fin, me dio un plazo para que terminara con la lactancia. Me dejó nueva cita para abril. “2 meses tiene que ser suficiente, hasta demasiado quizá, pero tiene que hacerlo en ese plazo” me dijo.
El 1 de marzo Gaby cumplió dos años.
Me llegó la noche y pidió leche. Con todo el dolor de mi corazón, le dije “no hay, se acabó” Me jalaba la blusa, como diciendo “si ahí está”. Pasó casi una hora, entre llanto e inquietud, para que se quedara dormida sin el pecho.
Cada dia hice lo mismo, diciéndole que ya se había acabado. Tenía miedo de que llorara cada noche, no sabía si yo lo iba a poder soportar e iba a ceder.
Mágicamente, un dia dejó de pedirlo, abrazó su almohada, me abrazó a mí y se durmió.
El dia siguiente repitió el proceso, en lugar de pedir leche, me abrazó para quedarse dormida.
Van 20 dias desde entonces y no ha vuelto a pedir.
Ella es simplemente perfecta. Hace todo a su tiempo.
Vaya, me quedé sin excusa para la tal cerveza/vino/soda #Plop
PD: se rompió la dependencia de la leche, pero no ha dejado de salir corriendo a abrazarse a mi pierna cada vez que vuelvo a casa. Quizá sí sea cierto que la lactancia forma vínculos irrompibles a largo plazo.
martes, 19 de marzo de 2013
El nido vacío… al revés

¿Han escuchado del síndrome del nido vacío? Es algo que padecen los padres cuando sus hijos mayores dejan el hogar, se quedan solos en sus casas con demasiado espacio, demasiadas rutinas por cambiar, demasiados recuerdos… Creo que eso es lo que tengo, pero al revés. La que se fue es mi mami, mi Clarita, mi Lala, mi Tita… mi abuela materna que en realidad es mi madre de crianza. Esa mujer que me tomó como suya y ha estado conmigo cuando todos los demás, incluyendo a mis padres biológicos y otras figuras paternas, fueron saliendo una a una de mi vida.
Estuvo conmigo mientras crecía, mientras trataba de aprenderme las cabeceras de los municipios y las capitales del mundo. Me contaba historias maravillosas sobre el cadejo, las burletas y cómo un Padre Nuestro es el antídoto universal contra el miedo. Me llevaba con sus relatos a su natal Utalco, desde donde, sentadas en un cerro, ella y sus hermanas veían el espectáculo del Izalco en llamas.
También fue quien me enseñó las tablas de la multiplicación y me dio claves de cómo saber cuando una palabra iba o no tildada. Sabía cocinar, coser, jugar, reír, cargar niños, hacer horchata tostando semillas de morro, aliñar gallinas, palmear pupusas y tortillas. De ella aprendí tanto, que creo que le doy gracias a la vida por habérmela puesto como madre, a pesar de todas las dificultades que eso conllevó.
La recuerdo apoyándome siempre, siempre, aún cuando las maestras se quejaban de mi mala costumbre de platicar en clase, o de las vecinas que le decían que yo ya estaba “grande” y era preocupante que no me había entrado la “malicia”. También estuvo conmigo cuando muchos otros me dieron la espalda, con 18 años y una niña en mi panza. Me enseñó a ser mamá, a cuidar a mi bebé, a quererla y a no echarla a perder, a pesar de que mi corazón de madre adolescente me inclinaba a darle todo lo que podía, todo lo que yo no pude tener.
Ella siempre contó, orgullosa, que conmigo no había pasado esa etapa que sí atravesó con otros de sus hijos –propios y de crianza–, cuando la adolescencia los vuelve huraños y no tan dados a la compañía de la madre. Nosotras éramos unidas, demasiado unidas.
Con 30 años y dos hijas, mi mamá seguía siendo uno de mis pilares. Me acompañó durante el doloroso proceso de mi separación, de nuevo, a pesar de que mucha gente decidió salir de mi vida, apartarse, criticarme. Ella, a sus casi 80 años, me infundió valor y fuerzas para continuar.
Ahora ya no está conmigo, hace un mes exacto se fue a vivir a Estados Unidos, donde está la mayoría de sus hijos. Un mes me ha parecido un siglo. Aún paro y pienso durante el día “le voy a contar esto a mi mamá al llegar a casa”, o “la voy a traer a mi mami a comer acá, le va a gustar”.
Aún no me acostumbro. Me atrevo a escribir estas líneas porque estoy segura de que ella no las leerá, porque cuando hablamos por teléfono finjo que estoy bien, le cuento cómo va la vida con falsa alegría, le digo que no se preocupe. Las noches son especialmente duras, era la hora en la que nos echábamos el mutuo resumen de cómo había estado nuestro día.
Ya sé que no soy la única que tiene a su mamá lejos, y que muchos me dirán que tengo la dicha de que ella, aunque en otro país, aún esté viva, y es cierto. Pero también es auténtico este dolor, este vacío que me ha dejado, y como en este blog hablamos de madres e hijos, me tomé el espacio para desahogarme, por primera vez, desde que supe que mi mamá se iría. Hoy veo mi nido vacío y me doy permiso de llorar.
Lagrimones publicitarios
De vez en cuándo los publicistas logran tocar esa vena íntima de la maternidad, a un nivel jevi metal guarrior. Yo lloré, acá les dejo la pieza:
"Madre soltera"
domingo, 20 de enero de 2013
La mamá más mala del mundo
Siempre pensé que la primera vez que escribiría en est blog sería algo mío, pues resulta que no es así. Lo que pongo a continuación es de un autor anónimo, como tantos textos que circulan por la red, pero este me gustó y como tiene que ver con nosotras las mamás, pues lo pongo.
Prometo escribir algo propio algún día. Lo intentaré. De momento, disfruten con esta verdad verdadera sobre las "malas" mamás que podemos llegar a ser.
Prometo escribir algo propio algún día. Lo intentaré. De momento, disfruten con esta verdad verdadera sobre las "malas" mamás que podemos llegar a ser.
Nosotros
tuvimos la mamá más mala del mundo, mientras otros niños comían lo que
querían, nosotros teníamos que desayunar cereal, huevos, leche y pan
tostado. Cuando otros niños tomaban muchos refrescos y comían sin cesar
dulces, pasteles y muchas botanas, nosotros teníamos que comer frijoles,
aguas frescas, verduras, carne y pescado.
Cuando fuimos creciendo se hizo más mala, nuestra madre insistía en saber donde estábamos, parecía que estabamos encarcelados.
Tenia que saber quienes eran nuestros amigos o con quien andábamos y lo
que estábamos haciendo a cada instante. Nos insistía mucho en que si
decíamos que nos íbamos a tardar una hora en algo o en algún lugar,
debíamos tardarnos solamente una hora.
Pero siguió siendo cada vez más mala. Me da vergüenza admitirlo, pero
hasta tuvo el descaro de enseñarnos a lavar nuestros trastos, tendíamos
nuestras camas, barríamos y fregábamos nuestra habitación, lavábamos
nuestra ropa, nos mandaba a la tienda de la esquina a por el pan y
aprendimos cosas muy crueles como cocinar y otras que de plano no
queremos recordar. Nos parece que se quedaba despierta toda la noche
pensando que podía hacernos al día siguiente para molestarnos.
Cuando llegamos a la adolescencia fue más sabia y nuestras vidas se
hicieron más terribles. Siempre insistía en que dijéramos la verdad y
que le tuviéramos confianza. Nadie podía tocar el claxon para que
nosotros saliéramos corriendo, pues nuestros amigos tenían que tocar la
puerta de nuestra casa y preguntar por nosotros. Se convirtió en una una
locura total; quería que le informáramos el nombre de cada amigo;
quienes eran sus padres, a que se dedicaba nuestro amigo y sus padres
donde vivían; a que escuela asistía nuestro amigo y que estudios cursaba
y muchas cosas más, sobre todo cuando queríamos ir a alguna fiesta, no
os podéis imaginar que calvario.
Sin embargo ha pasado el tiempo y ninguno de nosotros ha participado en
actos de violencia. Cada un de nosotros está trabajando para lograr un
mejor futuro y solo nuestro esfuerzo será lo que nos haga cada día
mejor. A nadie podemos culpar de nuestro futuro, cualquiera que sea,
nuestra madre hizo que nos convirtiéramos en adultos educados,
respetuosos, honestos y trabajadores.
Ahora que soy madre, estoy educando a mis hijos con las mismas enseñanzas y de la misma manera que mi madre nos educó.
Me siento muy orgullosa cuando mis hijos me dicen que soy mala... muy mala madre.
Autor Desconocido
domingo, 11 de noviembre de 2012
Comencemos a construir la cadena de la cultura
Digamos que estoy en una reunión de padres de familia de la escuela y una de las madres empieza a alardear de que su hija de diez años se sabe todos los pasos del Gangnam Style... ¿Puedo yo alardear de que mi hijo de diez años escucha a Vivaldi y sabe aislar los instrumentos -con sus nombres- al oír una orquesta Sinfónica?
No, no puedo. A las demás mamás les va a parecer raro e irrelevante. Porque lamentablemente nuestra sociedad está tan pobre de cultura que los referentes de logros de nuestros hijos son absurdos. Hace poco tuve que enterarme del triste final de un proyecto artístico y cultural en el país, por que muchos de los involucrados no llegaron a entender el trasfondo ni las proyecciones del mismo. Es triste, pero en nuestro país la gente no sabe ni cómo abrir un libro. Y entonces, es a nosotros, como padres, a quienes nos corresponde encargarnos de que ese estancamiento cultural vaya cambiando, enseñarles a nuestros hijos que el arte no es una cosa aburrida, que la música clásica también es emocionante y divertida, que un libro puede tener muchas más historias que la tele o el cine. Es cuestión de cambiar un poco el chip cada día.
Mi hijo de diez años oye música clásica, porque en nuestra casa siempre está presente. No impuesta, sonando allí al fondo. Porque en mi casa siempre estaba allí, sonando de fondo mientras mi papá se fumaba un cigarro en la oscuridad... Mientras recordaba, tal vez, cuando su papá hacía lo mismo y este recordaba a su padre... Es una cadena.
Por favor padres, encárguense de comenzar a hilvanar su cadena. Aquí hay museos con guías que les pueden explicar a los niños. Hay orquesta Sinfónica, ahora hasta infantil. Hay teatro, mucho teatro. Exposiciones por todos lados.
Comiencen a construir su cadena. No dejen que se rompa jamás.
_____________________________________________________________________________
Les dejo algunos links:
http://elfaro.net/es/201211/guiacultural/
http://www.marte.org.sv
http://www.elsalvadorcultural.net/
http://cultura.presidencia.gob.sv/
http://www.museoscentroamericanos.net/el_salvador_museos/listado.htm
No, no puedo. A las demás mamás les va a parecer raro e irrelevante. Porque lamentablemente nuestra sociedad está tan pobre de cultura que los referentes de logros de nuestros hijos son absurdos. Hace poco tuve que enterarme del triste final de un proyecto artístico y cultural en el país, por que muchos de los involucrados no llegaron a entender el trasfondo ni las proyecciones del mismo. Es triste, pero en nuestro país la gente no sabe ni cómo abrir un libro. Y entonces, es a nosotros, como padres, a quienes nos corresponde encargarnos de que ese estancamiento cultural vaya cambiando, enseñarles a nuestros hijos que el arte no es una cosa aburrida, que la música clásica también es emocionante y divertida, que un libro puede tener muchas más historias que la tele o el cine. Es cuestión de cambiar un poco el chip cada día.
Mi hijo de diez años oye música clásica, porque en nuestra casa siempre está presente. No impuesta, sonando allí al fondo. Porque en mi casa siempre estaba allí, sonando de fondo mientras mi papá se fumaba un cigarro en la oscuridad... Mientras recordaba, tal vez, cuando su papá hacía lo mismo y este recordaba a su padre... Es una cadena.
Por favor padres, encárguense de comenzar a hilvanar su cadena. Aquí hay museos con guías que les pueden explicar a los niños. Hay orquesta Sinfónica, ahora hasta infantil. Hay teatro, mucho teatro. Exposiciones por todos lados.
Comiencen a construir su cadena. No dejen que se rompa jamás.
_____________________________________________________________________________
Les dejo algunos links:
http://elfaro.net/es/201211/guiacultural/
http://www.marte.org.sv
http://www.elsalvadorcultural.net/
http://cultura.presidencia.gob.sv/
http://www.museoscentroamericanos.net/el_salvador_museos/listado.htm
viernes, 26 de octubre de 2012
Mamá ejemplar
Oigan.
Todas las mañana me levanto y me repito a mí misma que puedo ser una mamá ejemplar.
Pero no, soy desordenada, indisciplinada, se me olvidan las tareas de mis hijos, no voy a los eventos sociales de padres de familia, no estoy segura si el miércoles es la clase de violín o el entreno de fútbol, dejo que mis hijos vean televisión en días de exámenes, los dejo que se mojen con la lluvia si quieren, no salgo corriendo a donde el doctor por cada enfermedad, los dejo que abran cuentas en Twitter, los motivo a que dibujen o escriban o toquen un instrumento en vez de sacarse diez en matemáticas, los dejo que hagan solos las tareas, los dejo que se vistan como les dé la gana, a la hora de dormir les cantaba canciones como Eternal Flame o You Light Up My Life...
Perdónenme a veces siento que no puedo ser una mamá ejemplar. Habemos mujeres que no estamos preparadas para eso. He fallado.
Eso me atormenta todos los días, porque, en serio, veo a los compañeros de mis hijos, bien peinados, con los zapatos bien lustrados, con sus tareas perfectamente realizadas (con la ayuda de los papás), y todos esos asuntos de mamás perfectas y me da envidia.
Uno se debate todos los día en esa tarea para la cual nunca fue instruida, la cual se realiza por instinto, a como vaya saliendo, a prueba y error. Y sobre todo, con todo el amor que a uno le cabe y es posible.
Y allí me tienen, luego de 17 años en esta tarea, aprendiendo cada día cosas tan simples como que lo único importa son los sentimientos de esa sociedad pequeña que es la familia. Porque, miren, si uno se pusiera a tomar en cuenta la opinión de los de afuera -de los que ven las cosas desde otra óptica, de los que miden por sus propios errores y circunstancias- se volvería loco de culpabilidad o tristeza o furia o como quieran llamarle. Les digo, a la gente se le vuelve bien fácil opinar cuando se trata de la vida y los errores que no son suyos. En serio, quá maña y habilidad la de los demás para mirar la paja que uno tiene en el ojo, ya saben, sin ver antes la gran viga que les nubla la mirada.
Al final, uno se sigue preguntando ¿soy una buena madre, una madre ejemplar como todas las madres ejemplares? Y un día se llega a la entrega de notas y cuando la profesora de uno de los vástagos te dice que sobre todo lo demás (entiéndase como todo lo demás la parte académica y disciplinaria) se nota ante todo que tu hijo es feliz, que se le nota en la sonrisa y en la mirada; entonces uno puede entender que tal vez, a lo mejor, que es probable que en el fondo si se sea una madre ejemplar.
Todas las mañana me levanto y me repito a mí misma que puedo ser una mamá ejemplar.
Pero no, soy desordenada, indisciplinada, se me olvidan las tareas de mis hijos, no voy a los eventos sociales de padres de familia, no estoy segura si el miércoles es la clase de violín o el entreno de fútbol, dejo que mis hijos vean televisión en días de exámenes, los dejo que se mojen con la lluvia si quieren, no salgo corriendo a donde el doctor por cada enfermedad, los dejo que abran cuentas en Twitter, los motivo a que dibujen o escriban o toquen un instrumento en vez de sacarse diez en matemáticas, los dejo que hagan solos las tareas, los dejo que se vistan como les dé la gana, a la hora de dormir les cantaba canciones como Eternal Flame o You Light Up My Life...
Perdónenme a veces siento que no puedo ser una mamá ejemplar. Habemos mujeres que no estamos preparadas para eso. He fallado.
Eso me atormenta todos los días, porque, en serio, veo a los compañeros de mis hijos, bien peinados, con los zapatos bien lustrados, con sus tareas perfectamente realizadas (con la ayuda de los papás), y todos esos asuntos de mamás perfectas y me da envidia.
Uno se debate todos los día en esa tarea para la cual nunca fue instruida, la cual se realiza por instinto, a como vaya saliendo, a prueba y error. Y sobre todo, con todo el amor que a uno le cabe y es posible.
Y allí me tienen, luego de 17 años en esta tarea, aprendiendo cada día cosas tan simples como que lo único importa son los sentimientos de esa sociedad pequeña que es la familia. Porque, miren, si uno se pusiera a tomar en cuenta la opinión de los de afuera -de los que ven las cosas desde otra óptica, de los que miden por sus propios errores y circunstancias- se volvería loco de culpabilidad o tristeza o furia o como quieran llamarle. Les digo, a la gente se le vuelve bien fácil opinar cuando se trata de la vida y los errores que no son suyos. En serio, quá maña y habilidad la de los demás para mirar la paja que uno tiene en el ojo, ya saben, sin ver antes la gran viga que les nubla la mirada.
Al final, uno se sigue preguntando ¿soy una buena madre, una madre ejemplar como todas las madres ejemplares? Y un día se llega a la entrega de notas y cuando la profesora de uno de los vástagos te dice que sobre todo lo demás (entiéndase como todo lo demás la parte académica y disciplinaria) se nota ante todo que tu hijo es feliz, que se le nota en la sonrisa y en la mirada; entonces uno puede entender que tal vez, a lo mejor, que es probable que en el fondo si se sea una madre ejemplar.
viernes, 12 de octubre de 2012
Angustias de fin de año
Hola buenas, aquí solamente a dejar constancia que parte del trabajo de madre también es sufrir los examenes finales del colegio.
Es extraño, como estudiante no supe lo que era eso, todo fue un paseo por el parque, los 10 y los 9 caían por su propio peso, solo era repasar un dia antes y ya. Tan bonita la infancia.
Pero ahora, no sé si el nivel de competitividad ha crecido tanto, si de verdad el sistema privado es "más yuca" que el público de hace 20 años, o que los niños de hoy tienen más interés en jugar video juegos que en saber si las sobreesdrújulas se tildan siempre o no.
Claro, yo no cursé inglés en primaria, sino hasta séptimo grado como lo indicaba el plan de estudios...pero es que tampoco fue tan grave, de hecho, sólo he tomado un nivel de clases de inglés (que fue el diez) y ya no pude seguir, pero me leo mis libros en inglés comprendiendo diría yo que la mayor parte del asunto. Pero los niños de hoy parece como que si de todo necesitaran clases de refuerzo. A saber.
A saber si serán muy pocas horas a la semana dedicadas a cada materia, porque como no tenía Educación en la Fe, ni Desarrollo de la Inteligencia, ni Tutoría, ni Computación, ni Danza, ni Inglés, pues esas horas eran para las 4 materias básicas también.
Quizá si se dedicaba más tiempo al alumno. Auque mis clases eran de 30 a 40 niñas, igual que las aulas de los colegios privados de hoy, en algunos de los Bilingües hasta 50 he visto. Pobres maestras.
Lo que sea, llega esta época de exámenes finales y uno no puede hacer más que darles todo el empujón antes de, y esperar pacientemente a que llegue el dia de la entrega de notas para saber si se van en paz de vacaciones o si toca año escolar extendido.
Ojalá que el peque no quede en deuda con el cole este año, porque yo realmente desde enero estoy esperando que salga de clases, para poder hacer algo por mi vida en ese tiempo de 5 a 7 am...algo como ir al giminasio, digo yo.
También los exámenes son parte del oficio de ser mamá.
Es extraño, como estudiante no supe lo que era eso, todo fue un paseo por el parque, los 10 y los 9 caían por su propio peso, solo era repasar un dia antes y ya. Tan bonita la infancia.
Pero ahora, no sé si el nivel de competitividad ha crecido tanto, si de verdad el sistema privado es "más yuca" que el público de hace 20 años, o que los niños de hoy tienen más interés en jugar video juegos que en saber si las sobreesdrújulas se tildan siempre o no.
Claro, yo no cursé inglés en primaria, sino hasta séptimo grado como lo indicaba el plan de estudios...pero es que tampoco fue tan grave, de hecho, sólo he tomado un nivel de clases de inglés (que fue el diez) y ya no pude seguir, pero me leo mis libros en inglés comprendiendo diría yo que la mayor parte del asunto. Pero los niños de hoy parece como que si de todo necesitaran clases de refuerzo. A saber.
A saber si serán muy pocas horas a la semana dedicadas a cada materia, porque como no tenía Educación en la Fe, ni Desarrollo de la Inteligencia, ni Tutoría, ni Computación, ni Danza, ni Inglés, pues esas horas eran para las 4 materias básicas también.
Quizá si se dedicaba más tiempo al alumno. Auque mis clases eran de 30 a 40 niñas, igual que las aulas de los colegios privados de hoy, en algunos de los Bilingües hasta 50 he visto. Pobres maestras.
Lo que sea, llega esta época de exámenes finales y uno no puede hacer más que darles todo el empujón antes de, y esperar pacientemente a que llegue el dia de la entrega de notas para saber si se van en paz de vacaciones o si toca año escolar extendido.
Ojalá que el peque no quede en deuda con el cole este año, porque yo realmente desde enero estoy esperando que salga de clases, para poder hacer algo por mi vida en ese tiempo de 5 a 7 am...algo como ir al giminasio, digo yo.
También los exámenes son parte del oficio de ser mamá.
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